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Bhoreakal 2

Hechicero en otra dimensión. Deidad en S&S.

Historia y características
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Bóreakhal, conocido también como el dios del viento, residía en un intrincada red de túneles que yacen en el corazón del volcán Uhm-Rak situado en la cordillera llamada Stardeker. Boreakhal era un mago de una raza extraterrestre invocada por hechiceros varias centurias atrás desde un remoto universo. Junto a él llegaron sus mascotas: unas extrañas criaturas llamadas Alas frías (animales delgados, de alas correosas y pico grande y alargado con filosos dientes, muy parecidos a terodáctilos, sólo que éstos tienen en algunas partes de su cuerpo unas gruesas matas de pelaje).

Tanto Bóreakhal como sus criaturas requerían para subsistir un alimento muy comun en su lugar de orígen: sangre. El hechicero requería grandes cantidades de ésta para subsistir. Por lo tanto sus invocadores, al descubrir que se tornaba incontrolable por el hambre y altamente peligrosos decidieron apresarlo en el corazón del volcán. El demonio, debilitado por el viaje y el hambre, cayó bajo los escombros de piedra volcánica. Sus mascotas pudieron escapar y hacer sus nidos en las laderas de la cordillera. Pasaron varias generaciones hasta que la fortuna hizo que los temblores de Uhm-Rak lo sacaran de su prisión.

Poco después un bandido sin fe ni honor se topara con él en su liberación. Su nombre: Flaghard. Éste fue su primer discípulo luego de que alimentara a Boreakhal con los últimos restos de su caballo mientras estaba atrapado por una avalancha en la montaña. de allí nació una comunión macabra: Boreakhal le daría sabiduría y poder a cambio de alimento y protección durante los meses más fríos del año.

El culto a BóreakhalEditar

Flaghard rindió culto a su nuevo dios y aprendió algunas artes oscuras. Instruyó a nuevos discípulos. Las mascotas del dios, las alas frías, servirían de monturas a sus adeptos y así nacieron los Jinetes del viento.

Éstos eran hombres caucásicos, aunque su tez estaba oscurecida por el fragor de la nieve y el calor de los ríos de lava de la montaña. Eran guerreros armados con lanzas y hachas de Boreak (una suerte de destrales unidas por una cadena con brazalete).Su objetivo era conseguir víctimas para alimentar a su dios.

Con los mismos prisioneros, Flaghnard hizo construir un templo cerca de la boca del volcán para su señor. Alli se encuentra en estado de hibernación la figura erguida del dios Boreakhal: un ser que es mitad Ala fría, mitad hombre: tiene alas grandes con espolones, sus brazos son parecidos a los de los hombres pero con manos de cuatro dedos y sus piernas están rematadas en garras de tres dedos, es de una altura considerable (unos tres metros).

El final de Bóreakhal y su cultoEditar

Una partida de aventureros compuesta por Korbeinn, Tania de Maeress, Eldric, Bëren, Albright, Kradimusse y Dakk Thorn, escaló la cordillera con el objetivo de encontrar ciertos hongos con propiedades curativas llamados Wist. Éstos eran necesarios para sacar de un trance catatónico a la princesa Aesir del pueblo Harbek.

En medio del trayecto, los improvisados alpinistas fueron presa de un ataque de los jinetes del viento. A duras penas resistieron el embate de las alas frías pero finalmente cumplieron con su objetivo. Ya de regreso en Harbek y con la princesa repuesta, recibieron la visita de un emisario de un pueblo ubicado diez días hacia el oeste de Harbek: Gognard. El mensajero traía una grave acusasión del rey Ginard "dos cicatrices" hacia el incumplimiento del matrimonio arreglado entre la princesa Aesir y su hijo el príncipe Rogmar.

Olmek, padre de Aesir y líder de Harbek, recibió con desagrado las noticias porque el príncipe jamás había llegado a su poblado para casarse con su hija. El mensajero informó que Rogamr junto a una partida de hombres habían salido de Gognard hacía un mes atrás. El único camino entre los dos pueblos era el que bordeaba los pies de la cordillera. Si algo le había pasado al príncipe, debió ser en ese camino. El señor de Harbek solicitó una vez más la ayuda de los aventureros que habían salvado a su hija. Éstos regresaron por el sendero hasta la cordillera. Bajo la nieve hallaron restos de caballos muertos y carromatos destrozados. Todo parecía indicar que los Jinetes del viento habían conseguido nuevas víctimas para su dios.

El ascenso por las laderas del volcán fue efectuado con mayor cautela que la primera vez y los héroes llegaron hasta el templo de Bhóreakal. Tras arduos combates lograron ingresar a la sala donde tenían retenidos a los esclavos a los cuales liberaron rápidamente. allí algunos de los prisioneros informaron que el príncipe iba a ser entregado como ofrenda al monstruoso dios. Los aventureros marcharon a toda prisa para interrumpir el ritual. Cuando llegaron Bhóreakal ya estaba lanzando sus primeros esperezos tras una larga hibernación invernal.

El combate fue inevitable: Flaghnard y sus hombres combatieron contra los intrusos. En combate singular y con la ayuda del príncipe Rogmar, Korbeinn pudo vencer al siniestro sacerdote. Mientras tanto el dios del viento extendió sus alas y ascendió por la boca del volcán hasta el exterior teniendo apresado entre sus garras a Eldric y llevando como pasajera inesperada enroscada en una de sus piernas a Tania de Maeress. El comabte aéreo fue espectacular y violento, cuando todo parecía que iba a terminar mal para los héroes, Albright decidió usar sus poderes draconiles para invocar su armadura transformarse en un gigante, se elevó hacia los cielos de un salto y de un puñetazo pulverizó el cráneo del dios. Acto seguido el dragón quedó inconsciente por el esfuerzo y al igual que Eldric y Tania cayó desde una altura considerable.

Kradimusse maniobrando un ala fría atrapó a la guerrera, pero el peso de los dos fue demasiado para el animal que también cayó en picada. Afortunadamente Bëren acumuló una considerable cantidad de aire caliente que proyectó hacia arriba para aminorar la violencia de la caída de sus compañeros. Este fue el final del culto a Bhóreakal, el templo fue abandonado, aunque los pocos discípulos de Flaghnard se dieron a la fuga y aún existen alas frías ahora moran en las grutas de la cordillera alimentándose de animales de los bosques y ocasionales pasajeros.