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Dragon armor Mecha

Armadura blanca original (Grado 1)

La figura mítica de los dragones ha inspirado infinidad de leyendas. En ellas se erigen como la fuente de todo mal o de sabiduría inconmensurable. El mundo conocido no sería el mismo si estas criaturas no hubieran existido, especialmente porque ahora su obra magnánima se encuentra a la vista de todos pero nadie sabe que ellos fueron los responsables: los mares, las montañas, el cielo y la tierra.

Lejos de todo origen metafísico, los dragones fueron los primeros habitantes inteligentes del planeta, cuando éste era apenas una bola de materia incandescente enfriándose. Los miembros originales de esta raza eran mucho menores que lo que las leyendas se empeñan en sostener.

La presencia de esta raza influyó crucialmente en el asentamiento ambiental y climatológico del mundo. Al principio de los tiempos eran poseedores de gran tecnología y su llegada a la Tierra fue el producto de un largo exilio de otra galaxia: cuando las leyes del universo determinaron que su planeta de origen fuera destruido junto con todo el sistema solar con el que vivían.

El navío con el que se desplazaban era una gran embarcación tecno-orgánica cuya silueta asemejaba a la de los dragones occidentales. En su interior, una colonia de dragonautas viajó por el espacio durante varias décadas hasta llegar a la Tierra. La visión de este navío inspiró a las culturas nórdicas a la elaboración de embarcaciones de similar forma y significado (aunque muchas veces se las considere como serpientes marinas y no animales voladores). La Gran Madre (así se llamó a la nave nodriza de los dragones) se asentó en el centro del mundo. Cuando la mayoría de los continentes todavía no estaban formados y se transformó en la capital de esta raza.

Por su filosofía de vida, los dragones evitaron alterar el curso normal de la existencia más de lo mínimamente necesario: su tecnología les permitió ir alterando las condiciones climáticas para ampliar la biodiversidad del planeta joven que habitaban. Fundaron numerosas colonias en distintos puntos del globo. Cada colonia adoptó un color a partir del espectro obtenido por la luz del sol que da vida al planeta: los colores del arco iris. A estas siete colonias se le sumaron dos más: la orden Blanca (donde se encontraba la nave nodriza) y la orden negra (que no tenía lugar fijo, sino que controlaba el funcionamiento de cada colonia y funcionaba como mensajero del gobierno central).

El rápido contacto con las civilizaciones primitivas hizo que los primeros dragones adoptaran usos y costumbres de los hombres. Junto con las costumbres se intensificaron defectos latentes como la envidia y la ambición. Algunos clanes dejaron de responder al mando central y comenzó un largo período de conflicto entre los dragones. De estas luchas perduró en la memoria colectiva de la humanidad la ambivalencia de la figura del dragón (sabiduría y bondad enfrentada a caos y destrucción) y su característica figura: piel escamosa y metálica, aliento de fuego y alas correosas.

Esto último tiene una explicación: la silueta del dragón no es la forma original sino una armadura

Dragon Armor by Kosmandis

Armadura de dragón Nivel 1

de combate que se conecta al usuario por medio del sistema nervioso central. Los dragones verdaderos se ensamblaban a cuerpos gigantes. Para poder volar requerían de alas livianas y correosas y el fuego servía tanto de arma de combate como para generar aire caliente que les permitía alcanzar corrientes naturales y planear. Los colores evidentemente servían para distinguirse en el fragor de la batalla. Las luchas duraron siglos, y el abuso de las armaduras hizo que muchos organismos quedaran permanentemente ligados a su armadura de forma permanente e irreversible.

Los resultados de la guerra terminaron con dos clanes extintos: Naranjas y Púrpuras. La orden blanca volvió a tomar el poder y endureció las medidas restrictivas prohibiendo el contacto con la humanidad para evitar tentaciones. Los guerreros y guerreras que quedaron ligados a sus armaduras de combate fueron confinados a templos y monasterios donde se trató por todos los medios revertir el proceso de fusión.

Los intentos fueron en vano, la separación era imposible. Aceptada esta realidad se procedió a la búsqueda de una mejora a la calidad de vida de los dragones con sus nuevas formas. Años de investigación y la incursión a los secretos de la magia hallaron un nuevo camino para menguar los daños de aquella desafortunada unión: por medio de un complicado proceso transdimensional, parte de la armadura sería enviada a otro plano mientras que el propietario quedaría en este mundo. La armadura y el cuerpo seguirían unidos por medio de un nexo (el alma o espíritu). De esta manera se recuperaría la forma original anterior a las guerras.

Cuando esta técnica fue comprobada y afianzada la orden blanca dictaminó que todos los dragones recluidos en los monasterios hicieran el proceso de reconversión. Los problemas quedarían atrás y todo sería prosperidad de allí en adelante, pero la panacea duró poco: Ki-Engir, el primer vástago nacido después de la reconversión, a la edad de cuatro años, ante una situación de capricho infantil se transformó en una criatura de dos metros con una reluciente armadura de azabache. Sus padres y varios miembros de la orden tuvieron que hacer grandes esfuerzos por detenerlo.

Ki-Engir fue el primer representante de “La casta maldita”. Ni toda la magia del mundo podría haber detenido lo que la naturaleza y la evolución habían determinado para la raza de los dragones. Por otro lado, los dragones, longevos pero no eternos, debían seguir reproduciéndose o su existencia como raza llegaría a su fin por falta de descendencia. El resultado de este pequeño problema fue el asentamiento y proliferación de la “Casta”.

Los líderes de la Orden Blanca, fueron los últimos especimenes en extinguirse pero antes de hacerlo sentaron las bases de las futuras órdenes de dragones. Cada clan se convertiría en pilar y bastión de la raza original por lo tanto, sus adeptos deberían ser entrenados para mantener su armadura en “el otro plano”. Cualquiera que se transformara parcial o totalmente en forma voluntaria sería expulsado de la orden y en los casos más graves directamente se lo ejecutaría.

Los “frenos” a la armadura son de origen mágico: cada niño-dragón es bloqueado por varias barreras extraplanares para evitar que se transforme por accidente. Ya en una edad avanzada, aquellos que se conviertan en guardianes de los templos son entrenados para una transformación parcial y sólo el Maestro mayor, líder de cada orden, es capaz de conocer la manera de alcanzar la forma total.

Con el paso del tiempo el tema de las transformaciones se fue volviendo tabú y sólo podía ser mencionado en raras ocasiones. Para evitar caer en este tema, las órdenes se dedicaron a las más diversas actividades: desde la simple agricultura a la alfarería, pero al mismo tiempo siguieron con su vocación científica, desarrollando el campo de la alquimia y la medicina. Cada orden empezó a destacar dentro del resto de los mortales por algún producto singular y exquisito, por ejemplo la Orden Negra realiza unos excelentes vinos y posee la biblioteca más grande de los reinos de Occidente, cuyo acceso está permitido sólo para algunos eruditos y aventureros osados.

Las órdenes existentes actualmente son: Negra (esta no tenía sede hasta después de las guerras y fue fundada por Ki-Engir), Roja, Verde, Amarilla, Azul, Añil. Cada una tiene asiento en los templos de los clanes originales. La orden blanca desapareció y los restantes Maestros de esta órden se desvanecieron en el templo blanco (en realidad era la nave nodriza convertida en ciudadela) a una “realidad mayor”.

Dragon armor rojo

Armadura Roja

Los miembros del templo, a diferencia de los templos religiosos humanos, no se empeñan en venerar a deidades sino que se dedican a preservar la memoria de la gran raza que les antecedió, sus objetivos son simples: bondad, paz, conocimiento e iluminación. Por ello es común que sean conocedores de las artes arcanas. No existe el celibato ni el recogimiento monástico, ambos sexos se encuentran ligados y es común que se casen entre ellos (deben preservar la raza y por supuesto, son incompatibles con los seres humanos a pesar del parecido anatómico). Los colores de los clanes no representan mayormente una alineación ni una forma de ser particular, aunque es sabido que los más sociables de todos son los miembros de la orden negra. La orden roja es conocida por su absoluta intolerancia hacia la violencia y los azules son famosos por ser grandes protectores de la jurisprudencia y el orden (suelen resolver conflictos en las comarcas aledañas a la orden).

Una vez al año se celebra un encuentro de intercambio: cada orden tiene seis embajadores que son destinados a las otras. Este intercambio dura un año y los embajadores llevan y traen conocimientos. La elección de éstos recae en la decisión de los Maestros de cada templo. Es bien sabido que este intercambio es completo y normalmente los embajadores tienen la obligación de fecundar (o ser fecundados en caso de tratarse de una embajadora), para evitar el debilitamiento de las razas por medio de la mixtura. Las criaturas nacidas heredan los rasgos de sus padres y el color de ojos de sus progenitores. Los colores puros entre iris y pupila develan cierta pureza de sangre, pero por lo general no asegura privilegios de ningún tipo (un claro ejemplo de esto lo da el actual Abad del templo negro que posee los ojos Rojos/azules).

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