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Juwon, conocido también como el gran inquisidor. Su última ubicación conocida era en un torreón en medio de los bosques de Samara, al oeste de la ciudad de Trelmondian.

Su descripción física: es bastante bajo, de espaldas anchas, de ojos grises y barba larga negra con canas y desordenada.


Es un hechicero y un alquimista, pero antes de ello fue sacerdote y guerrero de una extinta religión. Se alejó de los dioses cuando comprendió que si un dios era tan fuerte como la fe de los mortales que lo adoraban, entonces no era merecedor de ningún privilegio.

Dado su entrenamiento en las artes de la guerra, mantuvo una fuerza considerable a pesar de su edad avanzada y emplea su báculo con singular habilidad.

A partir su gran afición fue la tecnología, construyó una máquina, una que puede sacar la verdad a los hombres, aunque éstos no quieran. Una máquina que se queda con todo lo que la mente y el cuerpo de un humano pueden dar. Los recuerdos y pensamientos de sus víctimas son almacenados en cristales incrustados en tabletas de arcilla con inscripciones rúnicas.


Tenía dos fieles asistentes, criaturas tan brutales como serviles: Cerbes y Tesalo, dos hermanos deformes y de grandes dimensiones. Eran titanes reducidos a escala humana, pura fuerza, pura violencia, nada de cerebro.

El primero sucumbió de un certero lanzazo de Kalunga en medio del cráneo. Tesalo corrió la misma suerte a manos de un grupo de aventureros entre los que destacaban Bëren, Korbeinn y Lubb.

Juwon y el imperio:

Los lazos que unen al imperio con este hombre perverso son secretos. Se lo ha visto trabajando con algunos agentes más que importantes de la organización imperial: Olgram, Lord Ygrak de Kirim y Gaspary de Trelmondian.

Las intervenciones más destacables de este hombre tienen relación con el secuestro de la embajadora de los dragones azules Tayna, y la hechicera zeryenita Shykaba.