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Mjolnir (Copiar)

El mazo de Hatier

El Mazo de Hatier es una herramienta que sirve para construir armas únicas y magníficas. Su poder proviene de la sangre de reyes y soberanos.

OrígenesEditar

Para hacer referencia al mazo de Hatier primero hay que hablar de quien le da su nombre. Éste era un excepcional armero de reyes. Su trabajo era reconocido por todo las altas esferas como el más bello y perfecto. Encargado de elaborar las más exquisitas piezas bélicas, creó para reyes, príncipes, emperadores y generales las más grandiosas armas jamás blandidas. El grado de excelencia de sus obras fue tal, que indirectamente fue responsable de la caída de varios reinos. Su habilidad sin par fue también la responsable de su perdición.

Un monarca ambicioso llamado Gautvel , rey de Vishinia , lo mandó a llamar a su corte, el armero obviamente no se presentó arguyendo que los malos reyes obtienen malas armas. Gautvel envió a una partida de sus hombres a que lo trajeran por la fuerza. Hatier llegó, maltrecho y machucado, hasta los pies del señor de vishinia quien le ofreció un lugar en su palacio y todas las riquezas que quisiera a cambio de la exclusividad de sus armas.

Hatier se le rió en la cara y escupió al suelo como respuesta. “Mis armas son como las ráfagas del viento, azotan el rostro de todos pero no son de nadie”. Gautvel enfurecido le respondió: “veremos qué vientos puedes levantar sin aspas” y ordenó que le cortaran las manos en el acto, que lo curaran y lo arrojaran al desierto.

Luego de días de dolor y frustración, el armero ya agonizante, clamó a los dioses por venganza. Sus plegarias fueron respondidas por el patrono de la justicia retributiva Vikar. Éste le concedió a Hatier los medios perversos para obtener la justicia anhelada: tomó el alma del desdichado y la introdujo en un martillo místico. El poder del martillo y la venganza de Hatier culminarán el día que no quede ni una sola gota de la sangre de la casa real de Gaut Vel.

Características

El mazo de Hatier, tiene el potencial de crear armas únicas. Quien lo blanda tiene en sus manos la esencia del maestro de armas y su talento. El alma del armero hará un pacto con el portador del mazo: por cada par de manos de un soberano el mazo le dará la capacidad de forjar un arma con capacidades excepcionales. como firma de ese pacto las runas de la empuñadura se grabarán a fuego en las palmas del usuario del mazo.

Una vez que el martillo adopte a su propietario no podrá ser usado ser usado por otros hasta que el primero muera o el hechizo sea roto. Las armas fabricadas por el portador del mazo sólo pueden ser blandidas por su creador. Aunque se cree que algunos magos o deidades con poderes ultraterrenos serían capaces de anular estos efectos de exclusividad.

Todo beneficio tiene una paga: por cada arma creada se debe matar a un rey y ofrendar al mazo las manos como y materia prima para la siguiente arma. Como Hatier odia a los gobernantes o regentes de cualquier clase: cuanto más poderoso, más ambicioso y miserable sea, mejor será la calidad del arma obtenida . Teniendo en cuenta esto, resulta obvio entender que el portador jamás debe coronar sus sienes y debe mantenerse alejado lo más posible de reyes y soberanos que no quiera matar.

Pero Hatier es un alma impaciente. Así que concede un plazo de seis lunas (meses) para que le traigan ofrendas. En caso de no hacerlo las propias manos talladas del portador terminarán con la vida de éste y se romperá el pacto. Luego, las mismas manos se desprenderán del cuerpo y llevarán el mazo a otro lugar para que consiga un nuevo propietario.

Propietarios destacados del Mazo y las manos:

Numerosos guerreros y aventureros blandieron el mazo desde su creación hasta ahora he aquí los nombres y datos de algunos:

Cleevan, el matareyes: Editar

Hubo un tiempo en el que este nombre, despertaba el más profundo temor de reyes y soberanos de las costas orientales. Como mercenario, sus servicios estaban al mejor postor, aunque en realidad el dinero o las joyas poco le importaban: la gloria era su mejor recompensa. Adiestrado por el tiempo y los caminos, Cleevan alcanzó el más alto nivel tras entrenarse en la tribu de los hoplitanos durante tres primaveras. Tiempo después marchó hacia el oeste y allí encontró a su conquista más preciada, la cabeza del rey Davalan.

Cleevan el “Kinslayer” se aseguró un lugar entre las historias de los bardos de los caminos y los narradores de cuentos de las carreteras de varios continentes. Muchos lo creían un fantasma, una leyenda para atemorizar a los niños para que fueran a la cama.

Como trofeo de cada enemigo derrotado, Cleevan tomaba las manos de sus víctimas, las cuales disecaba y momificaba. En realidad las guardaba en su cubil secreto y las usaba para confeccionar armas poderosísimas e indestructibles. Fue así como llegó a tener una panoplia con más de cien ejemplares de espadas, dagas, lanzas y hachas.

El final de los homicidios de Cleevan llegó por mano del soberano de Frujnard: el popular rey Sturg “el sabio”. Todo comenzó en cuanto éste último sospechó que podía ser víctima de una traición por parte de los clanes de sus tierras. Para evitar un fatal destino mandó a buscar a un "doble" para que lo reemplazara. Sólo sus allegados más confiables supieron de sus planes.

Cuatro meses después, su doble fue asesinado por Cleevan. Se simuló un funeral y se dejó creer al pueblo que había perecido a manos del famoso asesino. A la siguiente primavera, se develó la farsa y Sturg salió de su ocultamiento, en ese tiempo descubrió quienes le habían pagado al mercenario, los asesinó y asumió su reinado nuevamente. También hizo correr el rumor de que las habilidades de Cleevan no eran tan buenas como los rumores que las sostenían. Cleevan, por su parte, defraudó las peticiones del mazo al llevarle las manos de un plebeyo.

El asesino, enfurecido (y temeroso de las represalias del espíritu de Hatier) marchó hacia su perdición. Sturg, lo esperó con buena parte de su guardia y una cantidad considerable de trampas. Cleevan sorteó casi todo salvo al mismo rey: Sturg era un formidable espadachín. El mercenario murió casi sin darse cuenta. Pero antes de hacerlo, el monarca le amputó limpiamente las manos. Para la sorepresa de todos los presentes, las manos tatuadas de Cleevan cobraron voluntad propia e intentaron matar al rey. A duras penas pudieron contenerlas en cajas y ocultarlas en lo más recóndito de los sótanos del palacio. El Mazo y las manos no se reencontraron hasta tres generaciones después.

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