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Murlak, famoso capitán del navío mercante Skydiver. Es un hombre de cuarenta años, medianamente alto y fornido de cabellos y barba negros. Ésta última es lo suficientemente larga como para que caiga desde su mentón en dos trenzas. Su rostro tiene numerosas cicatrices y cubre su cabeza con un pañuelo de color rojo sangre. Sus orejas tienen vistosos aretes dorados y plateados, el más llamativo es una serpiente dorada. A pesar de esto viste casi como un marinero raso: chaleco de cuero, pantalones oscuros y tajeados, con botas de cuero revestidas por una capa de grasa de cerdo que las impermeabiliza contra las inclemencias del agua salada del mar.

Su personalidad es poco agradable: su trato es duro y seco, pocas veces ríe. No duda en expresar su voluntad y obligar a que se cumpla por las buenas o por las malas. Su principal obsesión es la perfección por lo que la ineficiencia es castigada con severidad. La tripulación de su barco es reemplazada regularmente en la búsqueda de un equipo consolidado y sin fallas.

Poco se conoce sobre sus primeros años o pasado en general pero los tatuajes en sus brazos indican que ha estado en varias tripulaciones de piratas: Las serpientes de agua, Los relámpagos marinos y los terribles Krakens. Nadie sabe por qué abandonó la piratería. Sus armas también dan cuenta de su pasado corsario,un sable curvo con empuñadura enjoyada y una daga de similar diseño.

Sus habilidades como marinero son, según los pocos que lo han visto en acción, inigualables. De hecho, casi cualquier cosa relacionada a la actividad marítima la puede hacer perfectamente, desde calafatear y reparar el navío hasta trapear sus cubiertas. Sus viajes por casi todas las tierras conocidas le han enseñado numerosos idiomas y el contacto comercial le ha obligado a aprender a leer y escribir en las lenguas más corrientes.

La mayoría de sus subordinados no le aprecian demasiado por su carácter, pero por sobre todo a la hora de la paga: descuenta del jornal todo error o ineptitud. Lleva un minucioso registro de las faltas cometidas por sus marineros y las hace pagar con intereses. No teme ser cruel o despiadado, aunque siempre busca la justicia en el estricto sentido de la palabra. Como no confía plenamente en todos sus hombres, duerme muy poco, casi nunca baja tierra firme y posee unos extraños guardianes vigilantes: Mab y Kob (dos ratas de gran tamaño, que deambulan por el barco). Con ellas mantiene una simpatía que jamás se le ha visto con otro ser humano.